Pagar los préstamos del matrimonio ¿se considera abono de la pensión compensatoria?

Tras un periodo breve de convivencia conyugal, que estuvo regido por el régimen de separación de bienes, un matrimonio decide divorciarse.

Es este el momento en que debe acordarse qué ocurre con los pagos de los préstamos que hayan podido contratarse, los más comunes son los destinados al pago de la hipoteca y vehículos, propiedad de uno solo o de ambos cónyuges.

En el caso que vemos hoy la vivienda familiar era propiedad de la mujer, así como el vehículo sobre los que pesaban los préstamos correspondientes, concedidos a ambos cónyuges con carácter solidario mediante escritura.

La madre inicia el procedimiento de divorcio y solicita entre otros, medidas que le atribuyeran la custodia de los tres hijos en común, una pensión compensatoria, así como que los préstamos contratados continuara abonándolos el padre.

Tras celebrarse el juicio, el Juzgado de Primera Instancia accede a las peticiones de la mujer en los extremos señalados a excepción de la pensión compensatoria, destacando en este punto que este Juzgado adopta  como concepto de pensión compensatoria el abono por el padre de las cuantías a que ascienden ambos préstamos pendientes, literalmente dice así: “abonará en concepto de pensión compensatoria el préstamo hipotecario que grava el domicilio conyugal y el préstamo para la financiación del vehículo”.

 La Audiencia Provincial, al conocer del recurso de apelación presentado, respaldará los extremos a que condena el Juzgado, si bien matiza el concepto por el que el padre tiene que continuar abonando las cuantías de los préstamos señalados.

En cuanto a lo interesado por el padre, que no hubiera lugar a una pensión compensatoria, le va a mantener en su obligación de pago pero difiere en la calificación del concepto de pensión compensatoria con que lo denomina el Juzgado al considerarlo como una contribución a las cargas del matrimonio, para sufragar el domicilio familiar donde residen los menores, mientras mantengan el derecho a ser beneficiarios de una pensión de alimentos.

El padre recurre a sentencia de la AP ante el Tribunal Supremo, con un único motivo, la infracción de la doctrina jurisprudencial que interpreta los artículos artículos 90 d ), 91, 1.437 y 1.438 del Código Civil sobre cargas del matrimonio, ya que el pago de las cuotas hipotecarias de la vivienda familiar y del préstamo personal contraído por su esposa para la adquisición de su vehículo no constituyen cargas del matrimonio, sino que “son obligaciones afectantes exclusivamente al aspecto patrimonial de las relaciones entre cónyuges, ajenas al procedimiento de divorcio”.

Añade al argumento que los esposos contrajeron matrimonio en régimen de separación de bienes y los bienes eran privativos de la esposa.

Entiende el TS que la sentencia recurrida respeta el acervo jurisprudencial que expone en su resolución, en cuanto que no perturba el concepto de cargas del matrimonio, dado que se limita a constatar que la vivienda familiar es privativa de la esposa y que se concierta por ambos cónyuges el pago del préstamo hipotecario, limitándose así a “reflejar el ámbito obligacional concertado voluntariamente por los litigantes, sin mencionar que ello constituya una carga del matrimonio, como reconoce la parte recurrida,( …)no se aprecia el interés casacional alegado, pues la resolución recurrida se ajusta a la doctrina jurisprudencial expuesta, sin apartarse de la misma”.

La noción de cargas del matrimonio debe identificarse con la de sostenimiento de la familia, debiendo ser atendidas tales cargas por ambos cónyuges en cuanto abarcan todas las obligaciones y gastos que exija la conservación y adecuado sostenimiento de los bienes del matrimonio y los contraídos en beneficio de la unidad familiar, considerándose también como contribución el trabajo dedicado por uno de los cónyuges para la atención de los hijos comunes ( artículo 103.3.ª CC ).

El importe de las cuotas de amortización del préstamo hipotecario y del préstamo personal concertado para la financiación del vehículo no pueden ser consideradas «cargas del matrimonio» en el sentido que a esta expresión se reconoce en el artículo 90 CC.

Finalmente el Tribunal Supremo estima el recurso de casación, si bien deja abierta la posibilidad a que circunstancias de futuro  cambien la presente situación, y aquí siempre cabrá instar una modificación de medidas por las partes.

Es la sentencia del Tribunal Supremo, Sala Civil, número 516/2016, recurso número 1549/2014. Ver sentencia

Doctrina relacionada en la sentencia del Tribunal Supremo:

sentencia del TS de 26-11-2012, rec. 1525 de 2011, que dice así:

«La noción de cargas del matrimonio, dice la sentencia de 31 de mayo de 2006, debe identificarse con la de sostenimiento de la familia, debiendo ser atendidas tales cargas por ambos cónyuges en cuanto abarcan todas las obligaciones y gastos que exija la conservación y adecuado sostenimiento de los bienes del matrimonio y los contraídos en beneficio de la unidad familiar, considerándose también como contribución el trabajo dedicado por uno de los cónyuges para la atención de los hijos comunes ( artículo 103-3ª del Código Civil ).

Pero no cabe considerar como cargas del matrimonio los gastos generados por ciertos bienes que, aun siendo de carácter común, no son bienes del matrimonio, pues precisamente el régimen económico vigente durante la convivencia matrimonial ha sido el de separación de bienes que excluye cualquier idea de patrimonio común familiar.

En consecuencia… la normativa aplicable a tales bienes era la propia del régimen general de la copropiedad, y en concreto el artículo 393 del Código Civil , que establece que el concurso de los partícipes en las cargas será proporcional a sus respectivas cuotas, que se presumen iguales».

STS de 20 de marzo de 2013, Rc. 1548/2010 :

«Resulta aplicable en el supuesto que nos ocupa la jurisprudencia de esta Sala, SSTS de 31 de mayo 2006 , 5 de noviembre de 2008 , 28 de marzo 2011 , 29 de abril de 2011 y 26 de noviembre de 2012 , según las cuales, la hipoteca no puede ser considerada como carga del matrimonio, en el sentido que a esta expresión se reconoce en el artículo 90 CC , porque se trata de una deuda contraída para la adquisición del inmueble que debe satisfacerse por quienes ostentan título de dominio sobre el mismo de acuerdo con lo estipulado con la entidad bancaria, en este caso por ambos cónyuges, con independencia de si su disfrute es otorgado a un concreto copropietario y, por tanto, el pago de la hipoteca cuando ambos cónyuges son deudores y el bien les pertenece, no puede ser impuesta a uno solo de ellos, sino que debe ser relacionado y resuelto de acuerdo con el régimen de bienes correspondiente a cada matrimonio, que en el caso es el de separación de bienes».

STS de 17 de febrero de 2014, Rc. 313/2012 , del siguiente tenor:

«La descripción más ajustada de lo que puede considerarse cargas del matrimonio la encontramos en el art. 1362, 1ª del C. Civil , mencionando los gastos relativos al sostenimiento de la familia, alimentación y educación de hijos comunes y las atenciones de previsión acomodadas a los usos y circunstancias de la familia, que se limita a los esposos y sus hijos.

 

 

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